Se proyecta una vivienda unifamiliar en una pequeña urbanización a las afueras de Burgos. El cliente desea integrar su casa en la parcela y no una “casa rodeada de jardín”. El programa era claro: cocina comedor, estar, cuatro dormitorios y almacén. Otros condicionantes eran que el mantenimiento fuera fácil y que su aspecto fuese sobrio y austero.

La parcela de casi 1600 m2 tiene una privilegiada vegetación de encinas y robles que marcan el desarrollo del proyecto. Con todos estos ingredientes se proyecta una vivienda en relación con la atmósfera que lo rodea, donde el programa genera el edificio. La edificación se ubica en el lateral este de la parcela para poder volcar todas las estancias hacia el oeste y así disfrutar de la profundidad del terreno e inmediatamente después del monte. Volumen rotundo con cubierta a dos aguas muy pronunciadas en el que se practican 6 “vaciados” que hacen que la vegetación que rodea la vivienda invada el interior y acentúe la forma de relacionarse de los ocupantes con la parcela. Una arquitectura que entraña complejidades dentro de una apariencia simple, una arquitectura doméstica y supuestamente tradicional en sus formas, una casa en las que sus dimensiones se experimentan a través de distintos ejes visuales, que generan la percepción de un espacio generoso y bien iluminado.

La construcción se plantea desde la conciencia del mínimo mantenimiento y el menor consumo posible. Se barajó la posibilidad de utilizar distintos materiales y sistemas constructivos hasta encontrar una idea de cerramiento satisfactoria. Ladrillo cerámico cara vista prensado color gris de formato 350 x 115 x 40, colocado con una junta de mortero del mismo tono de las piezas de 20mm enrasada para que la sensación de unidad fuese más patente. El resto de materiales utilizados procuran después de desempeñar su función cumplir el requisito de sobriedad y austeridad solicitado por la propiedad…(Variaciones del gris que pretenden permanecer en silencio respetando su entorno).