proyectar equivale a relacionar: no hacemos más que reinterpretar el lugar, su luz, su movimiento, su olor…. de tal manera el castillo es un lugar absolutamente privilegiado, ante el cual nos mantenemos en silencio, respetando el entorno, observando la naturaleza (los arboles, las plantas, las flores…) que cambian continuamente, interactuando con ella. Reinterpretamos los materiales y buscamos su ubicación permitiendo que la plaza viva, que respire de manera diferente de día y de noche; que se mueva, no es un artefacto terminado, se actúa sobre él, cambia, se abre, se cierra…

… Actualmente el vagón se ha convertido en un hito en la ciudad de Burgos, un lugar de referencia como “pabellón multidisciplinar”, ayudando a la regeneración del parque del castillo, proporcionando ambiente, actividades, conciertos y espectáculos.

“todos los materiales tienen su propio lenguaje expresivo”

“todos los materiales tienen su propio lenguaje expresivo”

El modo de actuar nace de una idea que viene acompañada de un material: la madera, material cambiante y vivo, como la construcción que se contrae y se dilata.
El efecto final del pabellón recuerda a los templos japoneses que se identifican con los acontecimientos y fenómenos que ocurren en el lugar.
El proyecto es la concepción de un espacio funcional y estético al mismo tiempo, siempre dentro de la lógica de la arquitectura del silencio, que habla sin estridencias, sin grandes gestos porque las cosas que perduran son las que cumplen su misión de manera adecuada. de ahí la necesidad de no molestar, el placer de la forma moderada, su sencillo existir, hasta que se convierte en parte integrante de la esencia del parque del castillo.
el encanto estético del edificio se consigue, además, con las texturas modulares de la estructura en constante y regular contraste de claroscuros de los intersticios de las lamas, que dibujan un diseño horizontal que en el interior se transforma en un juego de intensidad de luces lamas que controlan la luz y las vistas.